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El tercero de los congresos sobre el estudio de lo social

Por: Bárbara Evangelista

El Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO) realizó la tercera edición del Congreso de Ciencias Sociales, el cual se llevó a cabo del 26 de febrero al 1 de marzo del presente año. En él se trataron temas de once ejes distintos sobre el estudio que se lleva en distintos ámbitos de lo social, los cuales fueron:

  1. Tensiones y desafíos de la democracia contemporánea
  2. Violencia y seguridad: actores, procesos y discursos
  3. Diversidad social y cultural
  4. Riesgos y vulnerabilidades sociales
  5. Medio ambiente y sociedad
  6. Desigualdad social, desigualdad política
  7. Nuevos derroteros en las Ciencias Sociales
  8. Cambio tecnológico y organización social
  9. Nuevas dimensiones de la vida urbana
  10. Nuevos y viejos actores sociales
  11. Patrimonio cultural e identidades colectivas

 Podrán notar que fueron una serie de temáticas más que interesantes; no obstante y respondiendo a mis propias inquietudes y necesidades cognoscentes, me enfoque en asistir sobre todo a las sesiones simultáneas de los ejes 7, 8 y 10.

Como grupo activista que conforma un movimiento social, he de decir que tuve la oportunidad de adquirir información valiosa para la actividad de la APJ, pues como todo grupo social tiene la inquietud de cómo darse a conocer de manera efectiva, qué rumbo tomar, qué acciones seguir y expondré a continuación algunos planteamientos que podrían serle de utilidad.

Los grupos activistas están conformados en su mayoría por jóvenes, pero sobre todo de estudiantes. Al ser este sector el que conforma la actividad contrasistémica, ha sido más fácil la organización por medio de las redes sociales; no obstante, como es sabido, la inaccesibilidad a los medios como son la internet o los teléfonos celulares, limitada las mismas formas de organización, sin embargo, si se programan las sesiones de forma periódica y establecida (como bien lo ha hecho la APJ) se conforma una Red de conocimiento tácito, es decir, la cohesión de grupos de personas que no solo se conforman para actuar en pro de su causa, sino que establecen relaciones interpersonales que permiten que exista una confianza entre sus miembros y que esta confianza funja también como forma de control, pero OJO, no de control autoritario, sino de control de seguridad, de saber y conocer a las personas con quienes se está colaborando.

De esta manera puedo decir que la APJ, ha hecho un buen trabajo en ese sentido. Acierto de su parte pues además, que existan espacios donde se hable específicamente de la actividad del grupo sigue perfectamente con la premisa de que con el Bing Bang de los blogs las personas dejan de ver y leer los medios, para convertirse ellos en los medios, aunque este boom haya hecho que el gobierno que, no fue hasta el año de 1996 cuando se acercó a la internet, ahora esté al pendiente de la organización de grupos, que muy a su pesar, no puede controlar.

Existen problemas endógenos por descabezamiento de ONG´s, que si bien son grupos sociales formalizados con una figura jurídica para poder adquirir recursos de organismos públicos, al no querer responder a intereses políticos específicos (que además no debería ser así) las borran del mapa, sumado a que no existen representantes posicionados en la imagen pública de la sociedad. Los grupos activistas suelen seguir causas similares de sus miembros, pero no existe una comunicación al interior que permita que todos los miembros manejen el mismo nivel de información y que todos puedan ser voceros de su movimiento, este es un grave problema cuando personas de la sociedad civil preguntan sobre un grupo y obtiene distintas versiones, hace que los grupos pierdan credibilidad y no se miren con una base fuerte, y súmenle a esto que a la sociedad no le interesa saber, pues la estructura de la sociedad mexicana impuesta por el sistema está hecha para dividir a la población haciendo de su conjunto una sociedad que No ve, No oye y No habla.

Los movimientos sociales llevados a través de los grupos activistas ante un sistema que evade y restringe su accionar hace a los miembros de estas organizaciones conscientes de que buscar un cambio de la noche a la mañana es imposible, los más radicales buscan una revolución, pero lo cierto es que los grupos no deben buscar hacer un pueblo revolucionario sino establecer alianzas que fortalezcan a la sociedad civil ante el gobierno, esa es la verdadera revolución.

No sé qué tanto sepamos en general de los movimientos sociales, me pregunté muchas veces cuál era el papel de los grupos activistas cuando un ponente dijo que los movimientos sociales solo fungen como canal de apertura de posibilidades, son un canal de comunicación, porque a través de sus acciones (que en general se representan por manifestaciones) transmiten un mensaje, dan a conocer fallas en el sistema. Esto implica que a un grupo no le corresponde dar propuestas efectivas, eso es una cosa a parte, le corresponde manifestar aquello que va mal para que las autoridades, que son a quienes toca actuar y proponer para resolver esas inconformidades, actúen. Mi inquietud era y sigue siendo: Tal vez no corresponda a los grupos hacer propuestas pero ante la falta de actitud de las autoridades será mejor que las hagamos nosotros si tenemos el capital intelectual para hacerlo, por otra parte, qué argumento damos a la sociedad cuando nos dicen: “Ajááá… está bien que te manifiestes pero ¿cuál es su propuesta?” a este tipo de cosas es a las que nos enfrentamos y no está tan alejado, esta fue la demanda de una señora que se acercó a nosotros en una manifestación afuera de la última edición de la FIL en la Expo Guadalajara de diciembre del año pasado.

Más aún, ahora los grupos activistas se enfrentan a la posibilidad ya no de resistencia, sino de resilencia, es decir, a la resistencia que les permita la reconfiguración del actor y de espacio público, si se ha de sobrevivir ha de ser para buscar el cambio verdadero, no solo para decir que se aguantó, combatiendo de esta manera contra la frasesilla de “¿por qué tanto brinco si el suelo es tan plano?” que es el dogma de la modernidad.

 Lo cierto es que tampoco se puede estar esperando a que llegue el mecías, hay que convocarlo mediante el activismo, porque ese mecías no es otro que la revolución, y no una revolución armada, sino una revolución estructural, una revolución ideológica y que beneficie al grueso de la población. Toda época sueña la siguiente, pero ese soñar no significa tener un formato determinado, porque no sabemos lo que vendrá después del capitalismo, ya lo decía Boaventura Da Souza Santos en el Seminario del CIDECI en San Cristóbal de las Casas, “nada nos asegura que la caída del capitalismo representará una mejora”, pero soñar esa otra época sí significa ser lo suficientemente problemáticos hoy para que se defina un entorno diferente en un futuro.

Gilli dice que “no se debe admirar la belleza inminente de los movimientos destinados al fracaso”, pero también dice que “quien lucha por la libertad, se siente libre tan solo por luchar por ella”. Y por qué pensar que un movimiento está destinado al fracaso, hagamos que se dirija al triunfo. Ya lo comentaba con algunos miembros de la APJ en días pasados: El movimiento social que nos lleve al cambio no surgirá de la capital de la República, aquí estamos infestados de infiltrados, tenemos nuestra propia CIA a nivel local, dudo mucho que no haya personas que sigan intereses políticos dentro de los grupos activistas ya conformados aquí, así que esa fuerza revolucionaria ha de surgir de alguna otra entidad del país, donde además no tienen tan controlado el espacio público, a los capitalinos solo nos queda abrirles candados al resto, informarles sobre lo que aquí sucede y que usen lo que les sirva, ¿quién levanta la mano?

 A veces dejamos el análisis y el estudio de los movimientos sociales a los sociólogos o a gente ajena en general, por qué no hacer una introspección y un autoanálisis del propio movimiento tomando como ejes el contexto político en que surge, los repertorios de acción colectiva, las reivindicaciones y los actores que lo conforman, las identidades y el capital político y cultural que movilizan, así como el aprovechamiento de las memorias de sus participantes más experimentados. Muchos han dicho que la APJ se centra demasiado en la reflexión, pero ésta ha sido muy a pesar de todos, una buena decisión según la información que obtuve, lo que hace falta es aterrizarlo y que no sea tema central del actuar del grupo, sino que se designe a la comisión de identidad esto, sin embargo, no es cosa de exageración que se retome con constancia, pues al ser un grupo incluyente sus miembros consideran no adecuado que un grupo defina la identidad de todas las personas que forman parte de él, es interesante que den continuidad a este análisis, pero sobre todo, que lo aprovechen y lo aterricen.

Otra manera de identificarse es a través de conceptos que caractericen al grupo y creo poder decir que la APJ es un grupo en gran medida artivista, es decir, que realiza activismo a través del arte, lo que los diferencia por ejemplo del grupo que se encontraba establecido fuera de la Bolsa Mexicana de Valores que junto con grupos más grandes como Anonymus y Wikileaks, podrían ser denominados hacktivistas, por hackers. Sonará gracioso, pero son algunos conceptos que bien pueden ir complementando la identidad de los grupos y es bueno ser conscientes de las nuevas corrientes de acción que están surgiendo. Doy por terminado el relato que intenté generalizar en esta ocasión, pero aún queda información que pudiera ser aprovechada para otros escritos en el futuro, si fuese pertinente.

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